siempre de la misma manera

Esta mañana fue distinta.
Miré por la ventana y me dije
«no todo está muerto».
Más tarde me senté solo, como acostumbro.
A veces siento el aire palpitar a mis espaldas,
la tierra rugir entre los dedos de mis pies.
Curvo mi torso sobre las rodillas
y soy un arco en tensión.
«No hay flecha, no hay arquero»
me repito.
El momento proclama su propia libertad
siempre de la misma manera.
Los ojos se abren sin previo aviso.


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